Afoto oficial de los marineros de primeraKubati y Frasquito
CUADERNO DE BITACORA, 2-2-07
Reunión mensual de los copatrones con aspirantes a marinero.
Son el aspirante-grumete Kubati, (al que alguna oda se le ha brindado en nuestra web), y el menos conocido Frasquito (el gargamel del mar).
Como son vacilones a ultranza quedamos en una marisquería del puerto.
Aparcan el BMW X5 y el Porsche Cayenne, asegurándose que todos lo vean.
Van de humildes pero a poco que no le hagas caso te sueltan que es su segundo coche. Si aún así sigues poniendo cara de poker, ya no aguantan más y te dicen lo que vale con decimales incluídos.
Y si aún sigues pasando, te insultan y te dicen que en tu puta vida podrás tenerlo, desgraciao.
Los emborrachamos para callarlos pero conseguimos exactamente lo contrario, con el agravante que el señorito Kubati sólo bebe champagne y el otro, aunque le va el vinarro barato, hay que escanciarle a raudales.
Nos ponemos ciego de pescado fresco, y todos contentos hasta la hora de pagar en que cambiaron los semblantes. No importa, vamos de sobraos. Eso sí, los vacilones de “nuevorico”, no es que no inviten, sino que tan siquiera dejan propina.
Lleno de euforia etílica el Frasquito insiste en ver el barco, nos hacemos el difícil para engañarles.
El taimado Kubati no se fía y dice que de lejos lo ve mejor. Los empujamos pasarela abajo. Kubati hace amagos de arcadas sólo con el movimiento de la pasarela. Se quiere ir pero le cerramos la puerta. Que se joda, con todo lo que le hemos aguantado en la comida.
Les gusta la estampa de nuestra Viki II, pero kubati, cada vez más pálido y receloso, incita a la prisa por volver a tierra firme.
Frasquito, en plena torrija, quiere navegar, deseo que se ve incrementado al oir el ronroneo del motor.
De forma maliciosa y subrepticia soltamos amarras con ellos embarcados. Nos ponemos a navegar entre alaridos de pavor del vacilón mayor.
Suriñogo al timón- y quien sabe si por los efluvios del alcohol o porque rememoraba las épicas salidas de la difunta Viki I- se lía a hacer maniobras de salida, lo cual acrecienta la ansiedad y el desasosiego de los incautos recién enrolados.
La estampa era para verla: cuatro tíos entrajaos saliendo de puerto en pleno mes de febrero. Ni dios en el mar.
Kubati se arrincona en el asiento con una tez cada vez más macilenta. Nunca le he visto callado tanto tiempo. Ponemos proa a noreste y añadimos unos nudos de velocidad. El torrijas sanchopancero se entusiasma y pide caña, el kubati se jiña. Más nudos equivale a más olor a mierda.
Bajamos la velocidad y les enseñamos la preciosa costa que, con insidiosa venganza, le hacemos notar que no podrán tener en su puta vida, desgraciaos.
Se relajan y les permitimos ciertas bromas. Definitivamente el mar no es lo suyo, además no encuentran a nadie con quien vacilar. Por si eso fuera poco, vacilar en el mar cuesta más que en tierra, por no hablar que siempre hay uno que te puede cerrar la boca a base de eslora.
Volvemos a puerto con la marinería más relajada. Atracamos con sendos golpecitos a los vecinos de amarre. Kubati y Frasquito se escandalizan. Si vieran los atraques de la primera viki... eso sí que eran buenos tiempos, donde lo que menos importaba eran rayadas a los colindantes.
Amarramos y salen cagando leches buscando el refugio de tierra firme.
Una vez en seco siguieron vacilando como si nada hubiera pasado.
Hay cosas que no podrán cambiarse nunca.
Capitán Suriñogo.
(con dos amigos menos si leen este blog)
Reunión mensual de los copatrones con aspirantes a marinero.
Son el aspirante-grumete Kubati, (al que alguna oda se le ha brindado en nuestra web), y el menos conocido Frasquito (el gargamel del mar).
Como son vacilones a ultranza quedamos en una marisquería del puerto.
Aparcan el BMW X5 y el Porsche Cayenne, asegurándose que todos lo vean.
Van de humildes pero a poco que no le hagas caso te sueltan que es su segundo coche. Si aún así sigues poniendo cara de poker, ya no aguantan más y te dicen lo que vale con decimales incluídos.
Y si aún sigues pasando, te insultan y te dicen que en tu puta vida podrás tenerlo, desgraciao.
Los emborrachamos para callarlos pero conseguimos exactamente lo contrario, con el agravante que el señorito Kubati sólo bebe champagne y el otro, aunque le va el vinarro barato, hay que escanciarle a raudales.
Nos ponemos ciego de pescado fresco, y todos contentos hasta la hora de pagar en que cambiaron los semblantes. No importa, vamos de sobraos. Eso sí, los vacilones de “nuevorico”, no es que no inviten, sino que tan siquiera dejan propina.
Lleno de euforia etílica el Frasquito insiste en ver el barco, nos hacemos el difícil para engañarles.
El taimado Kubati no se fía y dice que de lejos lo ve mejor. Los empujamos pasarela abajo. Kubati hace amagos de arcadas sólo con el movimiento de la pasarela. Se quiere ir pero le cerramos la puerta. Que se joda, con todo lo que le hemos aguantado en la comida.
Les gusta la estampa de nuestra Viki II, pero kubati, cada vez más pálido y receloso, incita a la prisa por volver a tierra firme.
Frasquito, en plena torrija, quiere navegar, deseo que se ve incrementado al oir el ronroneo del motor.
De forma maliciosa y subrepticia soltamos amarras con ellos embarcados. Nos ponemos a navegar entre alaridos de pavor del vacilón mayor.
Suriñogo al timón- y quien sabe si por los efluvios del alcohol o porque rememoraba las épicas salidas de la difunta Viki I- se lía a hacer maniobras de salida, lo cual acrecienta la ansiedad y el desasosiego de los incautos recién enrolados.
La estampa era para verla: cuatro tíos entrajaos saliendo de puerto en pleno mes de febrero. Ni dios en el mar.
Kubati se arrincona en el asiento con una tez cada vez más macilenta. Nunca le he visto callado tanto tiempo. Ponemos proa a noreste y añadimos unos nudos de velocidad. El torrijas sanchopancero se entusiasma y pide caña, el kubati se jiña. Más nudos equivale a más olor a mierda.
Bajamos la velocidad y les enseñamos la preciosa costa que, con insidiosa venganza, le hacemos notar que no podrán tener en su puta vida, desgraciaos.
Se relajan y les permitimos ciertas bromas. Definitivamente el mar no es lo suyo, además no encuentran a nadie con quien vacilar. Por si eso fuera poco, vacilar en el mar cuesta más que en tierra, por no hablar que siempre hay uno que te puede cerrar la boca a base de eslora.
Volvemos a puerto con la marinería más relajada. Atracamos con sendos golpecitos a los vecinos de amarre. Kubati y Frasquito se escandalizan. Si vieran los atraques de la primera viki... eso sí que eran buenos tiempos, donde lo que menos importaba eran rayadas a los colindantes.
Amarramos y salen cagando leches buscando el refugio de tierra firme.
Una vez en seco siguieron vacilando como si nada hubiera pasado.
Hay cosas que no podrán cambiarse nunca.
Capitán Suriñogo.
(con dos amigos menos si leen este blog)
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