
Niños, niñas, primates, seres antropomorfos en general: empeñado como estoy en esta santa cruzada de inculcaros los rudimentos del noble arte de la navegación a vela (nada que ver con la navegación a motor, ruidosa, grosera y propia de gente de baja estofa y soez), hoy os hablaré del aparejo, elemento básico y que además os servirá para diferenciar los diferentes tipos de barcos, de manera que no cometáis el imperdonable error de confundir un jabeque con una polacra. ¿Y qué es el aparejo?, os preguntaréis. O mejor dicho, os lo preguntaríais si tuviérais dos dedos de frente y el más mínimo interés en el tema (sobre lo primero, ni siquiera yo puedo hacer nada; sobre lo segundo, os aviso que este año el que quiera salir de excursión en la Viki deberá aprobar un examen tipo test de 100 preguntas sobre estas clases, para lo cual deberá presentarse dos horas antes de la salida en las pasarelas, con el DNI y el justificante de haber pagado las tasas). En fin, como iba diciendo ¿qué es el aparejo? ¿y tú me lo preguntas? Aparejo lo serás tú, so gilip ... Bueno, perdón, se me ha ido la olla por un momento. Como todos sabéis (no soy optimista ni nada) los elementos de un barco encargados de aprovechar la fuerza del viento para desplazarse (¡la definición es mía, no lA he sacado de ningún libro!) son los siguientes: a) Los palos y mástiles que sujetan las velas, y que reciben el nombre de arboladura; b) El velamen, o conjunto de velas; y c) La jarcia, o sea, los diferentes cabos que sirven para sujetar y gobernar los dos anteriores. Pues bien, la suma de los tres citados elementos es lo que se conoce como aparejo. Recapitulando para los torpes: a + b + c = aparejo. O lo que es lo mismo: a + b = aparejo - c. De donde: a = aparejo / (b-c). Y despejada la incógnita: b/c = aparejo -(a/2). Hala, a estudiar si no queréis quedaros en tierra. Mañana más.
Xinea, Patrón por la Gracia de Dios.
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