En todos aquellos meses lo único que Zuro no había previsto era lo que entonces estaba sucediendo: él nunca creyó muy hábil a su socio. Dominó su nerviosismo, soltó una carcajada e inquirió con cierta sorna: puedo saber con qué dinero???? La respuesta de SINE no se hizo esperar: “ Con el dinero de mi marido que está forrado.”
Zuro podía haber jugado la misma carta que SINE y decir que se lo pensaría, pero pensó que la parejita no se dejaría engañar tan fácilmente y sacando del cajón 2 navajas traperas, amenazó al matrimonio de hombres y dijo:” Ya estoy harto de tenerte aquí Anthony. No quiero matarte ni tampoco a tu esposo, a quien acabo de conocer y contra el cual no tengo nada. Has sido un mal socio y la compañía, lo sabes muy bien, es mia. Es mi idea y mi trabajo.Largaos de aquí para siempre y no volvais a poner los pies en este edificio sino quereis obligarme a mataros. ¿ Lo oyes bien, SINE?? Si me dejas unas señas te enviaré lo que te corresponde por tu parte en el negocio, aunque si no te fias de mi no te lo reprocharé.
Los dos hombres retrocedieron hasta la puerta, abrieron y salieron. Antes de cerrar SINE exclamó lleno de ira: “Tendrás noticias mías, Zuro”
Zuro sabía que SINE no se atemorizaria por unas simples amenazas . Estaba seguro que volverían para intentar matarle, cuando hubieran configurado un plan.
Efectivamente pasaron tres días sin que nada demasiado anormal sucediese. Zuro pudo comprobar que los empleados _ cuya lealtad había comprado con favores_ iban desapareciendo de forma aparentemente misteriosa. SINE y su esposo lo estaban haciendo desaparecer con su dinero.
Por la noche desde los matorrales oyó la voz de SINE: Zuro, la vikinga esta ardiendo desde hace media hora, sal a verlo si tienes valor.
Zuro comprendió que el resplandor que venía de la zona portuaría se debia al incendio de la Vikinga y que no tenía ningún interés en la compañía; solo le interesaba vengarse de la oferta que le había hecho un año antes.
Ya no tienes nada, solo esas malditas oficinas, gritó SINE. Soltó varias carcajadas y repitió otra vez a Zuro, que estaba perdido sin remisión. SINE y su consorte lanzaron entonces antorchas por los cristales rotos de las oficinas. El fuego empezó a extenderse por toda la casa. Zuro no podía ver nada con el humo que le atosigaba y hacía llorar los ojos. Cuando la puerta se abrió SINE entró con la trapera en la mano. Zuro esperó a que el humo irritase los ojos de SINE y empezó a buscarle también con la navaja trapera abierta en la mano. SINE cayó al suelo aparatosamente y su traje gris empezó a teñirse de rojo. Zuro aprovechó para salir de la casa que estaba a punto de explotar. Tuvo tiempo de volverse y ver al marido de SINE que entró a buscarlo. Un segundo después todo voló por los aires. De Sine se encontraron los pies y una parte del torax. Del marido no se encontró nada. No se sabe a ciencia cierta si habia sido partido en mil pedazos , ni tampoco, nunca se volvio a saber de él.
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