
Si alguna vez habéis trasnochado más de la cuenta y ya de camino a casa os habéis fijado en un individuo de aspecto rijoso, que rebusca en los contenedores de basura y emite un desagradable siseo cada vez que pasa junto a él una chica joven, entonces ya conocéis a Afaé. Y sin embargo este tipo, que atesora con avaricia todos los defectos del alma humana, no siempre fue así. Hubo un tiempo en que era un probo funcionario de una empresa municipalizada. En aquel entonces era la viva imagen de la rectitud y la eficiencia: pelo cortado al cepillo, gafas de pasta negra, camisa blanca y corbata oscura. Jamás llegaba tarde, nunca cogía la baja y era de una eficiencia absoluta, para satisfacción de sus jefes y exasperación de sus compañeros. Su vida transcurría entre su trabajo, su casa, los paseos por la playa y la misa (con comunión) los domingos y fiestas de guardar.
Probablemente todavía continuaría así si un buen día no hubiera ocurrido un acontecimiento que cambió su vida: una noche, un grupo de amigos lo llevamos casi por la fuerza a una discoteca de Lloret de Mar. Las luces de colores, la música a todo trapo, las danzas voluptuosas de las guiris en la pista, produjeron en él un cambio asombroso. Tras un primer momento de estupor, se lanzó a un frenesí de bailes, consumo de bebidas alcohólicas y risas continuas. Nos costó Dios y ayuda sacarlo de allí cuando cerraron. Al día siguiente vino a buscarnos para que repitiéramos la experiencia. Y al otro. Y al otro. Finalmente, incapaces de seguir su ritmo, fuimos dejando de acompañarlo, pero él seguía incansable, llegando a la discoteca antes de que abrieran y siendo el último en salir. Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes.
Finalmente, su trabajo empezó a resentirse. Llegaba tarde, desaliñado, se quedaba dormido. De nuevo sus compañeros estaban hartos de él, ahora por otros motivos. A final llegó a un acuerdo con la empresa y tras cobrar 25 días por año trabajado con un tope de doce mensualidades abandonó su puesto de trabajo y pudo dedicarse por entero al mundo de la noche. Pero aguantar la fiesta noche tras noche era muy duro y finalmente cayó en el mundo de los polvos blancos. Sí amigos, para aguantar despierto toda la noche se espolvoreaba los huevos con polvos pica-pica. Su proveedor habitual en la Casa de las Bromas hizo el agosto con él.
Pero los polvos pica-pica y los cubatas son caros y al final a Afaé se le acabó el dinero. Tuvo que malvender su casa para seguir con su vicio (a los amigos les dijo que se iba a vivir con una chica rubia que había conocido). Los porteros de las discotecas, ahora que ya no tenía dinero, se negaban a dejarlo entrar, se burlaban de él y le golpeaban (especialmente un tal JP, portero del Sant Trop). Poco a poco Afaé fue perdiendo el contacto con la realidad, sumiéndose en un mundo de fantasías.
En la actualidad pasa el día en una casa ruinosa y sólo sale por la noche para procurarse alimentos en los contenedores. Su único contacto con el mundo exterior es este blog, donde cuelga fotos que consigue en la red como si fueran suyas y habla de viajes que sólo han ocurrido en su cabeza. Su psiquiatra nos ha recomendado que no le sigamos el juego, pero somos débiles de corazón y dejamos que se salga con la suya.
En fin, eso es todo. Si os tropezáis con él una noche no le peguéis demasiado fuerte y recordad los inmortales versos de Samaniego:
Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que les domina.
Xinea. Escrito en Blanes, mientras cagaba, el 4 de marzo de 2008.
Probablemente todavía continuaría así si un buen día no hubiera ocurrido un acontecimiento que cambió su vida: una noche, un grupo de amigos lo llevamos casi por la fuerza a una discoteca de Lloret de Mar. Las luces de colores, la música a todo trapo, las danzas voluptuosas de las guiris en la pista, produjeron en él un cambio asombroso. Tras un primer momento de estupor, se lanzó a un frenesí de bailes, consumo de bebidas alcohólicas y risas continuas. Nos costó Dios y ayuda sacarlo de allí cuando cerraron. Al día siguiente vino a buscarnos para que repitiéramos la experiencia. Y al otro. Y al otro. Finalmente, incapaces de seguir su ritmo, fuimos dejando de acompañarlo, pero él seguía incansable, llegando a la discoteca antes de que abrieran y siendo el último en salir. Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes.
Finalmente, su trabajo empezó a resentirse. Llegaba tarde, desaliñado, se quedaba dormido. De nuevo sus compañeros estaban hartos de él, ahora por otros motivos. A final llegó a un acuerdo con la empresa y tras cobrar 25 días por año trabajado con un tope de doce mensualidades abandonó su puesto de trabajo y pudo dedicarse por entero al mundo de la noche. Pero aguantar la fiesta noche tras noche era muy duro y finalmente cayó en el mundo de los polvos blancos. Sí amigos, para aguantar despierto toda la noche se espolvoreaba los huevos con polvos pica-pica. Su proveedor habitual en la Casa de las Bromas hizo el agosto con él.
Pero los polvos pica-pica y los cubatas son caros y al final a Afaé se le acabó el dinero. Tuvo que malvender su casa para seguir con su vicio (a los amigos les dijo que se iba a vivir con una chica rubia que había conocido). Los porteros de las discotecas, ahora que ya no tenía dinero, se negaban a dejarlo entrar, se burlaban de él y le golpeaban (especialmente un tal JP, portero del Sant Trop). Poco a poco Afaé fue perdiendo el contacto con la realidad, sumiéndose en un mundo de fantasías.
En la actualidad pasa el día en una casa ruinosa y sólo sale por la noche para procurarse alimentos en los contenedores. Su único contacto con el mundo exterior es este blog, donde cuelga fotos que consigue en la red como si fueran suyas y habla de viajes que sólo han ocurrido en su cabeza. Su psiquiatra nos ha recomendado que no le sigamos el juego, pero somos débiles de corazón y dejamos que se salga con la suya.
En fin, eso es todo. Si os tropezáis con él una noche no le peguéis demasiado fuerte y recordad los inmortales versos de Samaniego:
Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que les domina.
Xinea. Escrito en Blanes, mientras cagaba, el 4 de marzo de 2008.
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