8.12.10

LA VENGANZA DE LA GAMBA

Las múltiples responsbilidades de la Viki me obligaron a tomar un descanso invernal. Tomé aposento acorde a mi condición de insigne marino y, como quiera que los de agua salada somos de natural alérgicos a esquiar, dediqué mis esfuerzos a restaurantes, piscinas calentitas, jakuzzis, masajes, etc, de lo que, todo sea dicho, el hotel estaba bien provisto.
Pero sucedió que en dándome una vuelta por la pista oí una voz familiar:
-¡Eh, Capitán Suriñogo, Capitán Suriñogo¡¡¡
¡Era el Gamba¡, sí hombre aquél grumete que tenía pavor al agua y que puteamos tanto en la Viki I con tanta subida y bajada. Me puse a la defensiva y saqué los puños dispuesto a defenderme de una más que previsible agresión por tan antiguo puteo. Pero cual fue mi sorpresa cuando afablemente me indicó que se alegraba verme en tan lejanos confines, invitándome a acompañarlo para así compensarme por la vuelta en barco que le di. Confieso que no atisbé ironía alguna en sus palabras y tras recomponer el gesto  le agradecí su ofrecimiento a la vez que lo rechazaba por motivos técnicos. Él dióse cuenta de mi apuro y me indicó que no temiese pues, a parte de ser ducho en esquíes, iría por un sitio tan sencillo que incluso llevaba a su hijo. No pude negarme y sin darme cuenta ya estaba en el remonte. Los primeros signos de acojone se tradujeron en sonoros alaridos al ver la altura que adquiría el telesilla. A fe mía que hubiera saltado si el menor, que finalmente resultó ser un maestro en bajar pistas negras, no me hubiera puesto el cierre mientras sonreía ladinamente. Una vez en la cota 2500 no vi tanto peligro. ¡Toma¡ como que la espesa niebla no dejaba ver el precipicio.
-¡Venga va, capitán Suriñogo, que esto para tan intrepido marino no es ná¡ me decían entre risitas.
La opción A consistía en agarrarme el zurullo que despuntaba por el culo y bajar disimulando. La opción B era volverme y reconocer mi cobardía. Opté por la B reconociendo mi cobardía, pero acto seguido me dijeron que el remonte sólo era de subida. Disimulé diciendo que bromeaba y comencé a bajar esquiando a buen ritmo: iba a caída por metro. Mientras, el niñito se burlaba y alardeando, bajaba con un sólo esquí. Cuando me dijeron que estabamos en la cota 2500, hice números y deduje que, por mucha caída que aguantase, se me haría de noche a ese ritmo. Además el choteo hacia mi persona empezaba a generalizarse y no estaba dispuesto a dejar la birra que me olvidé en el bar. De pronto salió de mis adentros esa valentía que en tantas tempestades marinas pude demostrar: ¡sólo es agua¡, helada, pero agua. Comencé a bajar con tanto ímpetu que todos quedaron asombrados (no sé si el escaso estilo ayudaba a ello).Pero allí estaba yo, un marino navegando con esquies en agua dulce. Por supuesto recibí aplausos a mi llegada y mi familia no me creyó cuando les narré la increíble aventura. El Gamba le confirmó el puteo y confesó que estuvo esperando años esta venganza. Pero la mayor felicitación vino de mi monitor de esquí, el cual sólo me consideraba apto para apurar cañas de cerveza. Tras enterarse de mi proeza y sin disimular su sorpresa me espetó:
¡Vaya par de huevos¡ Acto seguido me indicó que con amigos como el Gamba no hacía falta enemigos. Tranquilo, le dije, la temporada de nevegación 2011 ya está aquí, y el Gamba y el 'niñito' están invitados. je, je, je.

Suriñogo
Maestro en el mar y en la nieve

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